La importancia del perdón

>> domingo 15 de enero de 2012



Nuestros enemigos no son los que nos odian, sino aquellos a quienes nosotros odiamos

Un superviviente de un campo de concentración nazi fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia.
 —¿Has olvidado ya a los nazis? – Le preguntó a su amigo.
 —Si. –Dijo este.
 —Pues yo no. Aún sigo odiándolos con toda mi alma.
Su amigo le dijo apaciblemente:
—Entonces, aún siguen teniéndote prisionero.
Atribuído a Tony de Mello


La rabia, el odio y el rencor son emociones que nos aferran al dolor y nos desgastan. Mientras no perdonemos a aquellos que nos hicieron daño o nos ofendieron, seguiremos enganchados al daño que nos causaron y a la infelicidad.
Perdonar no quiere decir que necesariamente tenga que haber una reconciliación con aquél a quien perdonamos. Puede haberla o no. Ni siquiera es necesario que se lo comuniquemos. Es algo más a nivel interno, a nivel personal. Es dejar partir el resentimiento y liberarnos de esa emoción negativa, dejando espacio dentro de nosotros para la paz interna y la serenidad.

28 comentarios:

chus 15 de enero de 2012 02:01  

Tienes razon el odido no es bueno, pero la indiferencia es estupenda. XPERIENCIA PROPIA.BESOS

MIMOSA 15 de enero de 2012 02:14  

Así es mi querida niña,...lo único que conseguimos guardando el odio y el rencor es ennegrecer nuestra alma y eso, es error aún más grande que el de odiar.
Yo sé el alma tan grande que tienes y sé lo inmensamente generoso que es tu corazón.

Besos dulces, preciosa!

Jabo 15 de enero de 2012 08:42  

Perdonar es clave para nuestra felicidad. Tanto, que sin perdón difícilmente seremos felices, y es que al perdonar, en el fondo nos estamos ayudando a nosotros mismos ya que soltamos malos pensamientos y remordimientos que nos agobian dentro.
Te perdono, Asun... jeje
Abrazo. Jabo

mariajesusparadela 15 de enero de 2012 10:44  

Pues yo creo que es más importante y solidaria la reconciliación que el perdón. Cuendo digo "perdón" me estoy poniendo sobre el otro, como si yo no tuviera culpa alguna. Cuando digo reconciliación estoy admitiendo que en una discusión hay dos partes y ninguna tiene la razón absoluta.
Hablo de circunstancias normales entre personas normales. No hablo de genocidios , de odios de un loco. No hablo de nazis o de luchas de religión: hablo de relaciones humanas.
Y, en ese caso, aun cuando no volvamos a ser amigos o pareja, reconciliarse es admitir una parte de la culpa y eso creo que es muy, muy bueno.

Asun 15 de enero de 2012 12:13  

MARIAJESÚS: Por supuesto que hay muchas situaciones en las que hacemos recaer toda la responsabilidad (la prefiero a la palabra "culpa") de lo sucedido en el otro, sin hacernos responsables de nuestra parte. En esos casos lo oportuno sería lo que tú dices, asumir también lo nuestro.

Sin embargo, como bien apuntas, hay muchas otras: genocidios, malos tratos, abusos, violencia, abandono infantil..., en las que hay claramente un agresor y una víctima inocente que no tiene ninguna responsabilidad en lo sucedido.
Es más en este tipo de situaciones en las que yo estaba pensando cuando hice esta reflexión.

Gracias por tu matiz, que aporta otro punto de vista.

Besos

Contrapunto 15 de enero de 2012 12:22  

Odiar se vuelve contra uno mi mismo.
Cuando alguién me hace daño, lo ignoro, es mas sano.

Myriam 15 de enero de 2012 13:13  

Cierto: perdonar, no quiere decir olvidar o reconciliarse con el victimario. Pero si nos ayuda a liberar esas emociones que nos envenenan el alma y el cuerpo y también implica un perdón hacia nosotros, porque no fuimos capaces de oponernos al maltrato.

Un beso

María 15 de enero de 2012 16:36  

¿Sabes que yo creo que es más dolorosa la indiferencia? porque cuando te odian algo sienten por ti, aunque sea un sentimiento negativo, pero cuando te ignoran es algo que duele profundo.

Un besazo, preciosa.

María 15 de enero de 2012 18:57  

Yo creo que jamás en mi vida he odiado a nadie, jamás.

No es por ser mejor ni peor, me es imposible sentir ese sentimiento, puedo sentir rabia en un instante, dolor, pena, desilusión, desencanto... lo que sea, odio no.

Creo que una persona que odia sufre dos veces el mal que le causaron porque se le pereputúa dentro... es muy cierto lo que le contesta el compañero del campo de concentración... nadie puede evitar que le hagan daño, que le hieran, lo que sí que puede controlar es el tiempo que dura.


Me ha encantado ASUN/SUN ¿cómo van tus dolorcillos? ... sobre todo los de los recuerdos de la luna... espero que mejor...el tiempo, es agobiante a veces, pero es el único que de verdad ayuda siempre.



Un beso inmeeeeeenso preciosa

MariluzGH 15 de enero de 2012 20:25  

Desde luego si no empezamos nosotros a perdonar es indecente pedir que nos perdonen.

Buena reflexión :)

feliz semana, abrazos :)

Paco Cuesta 15 de enero de 2012 20:55  

En el fondo de la mente quedan determinados hechos que se perdonan pero no se olvidan. Creo.

Mandalas, Espacio Abierto 15 de enero de 2012 22:25  

Hola Asun

Nos regalas una sabia reflexión. Indudablemente somos prisioneros de nuestro odio, rencor, resentimiento y es tan poderoso como nosotros queremos.

La importancia de saber perdonar es enorme porque es liberadora.

Me ha encantado.

Besotes.

Pedro Ojeda Escudero 15 de enero de 2012 22:34  

El perdón sale siempre de dentro y nace de la comprensión del otro y de la autocrítica. Así se crece.
Besos.

LOLI 15 de enero de 2012 23:59  

Mira que leí hace poco :Imaginemos a un hombre paseando por el campo, disfrutando de la naturaleza y de una agradable brisa. Sin previo aviso, aparece un león y le ataca. Le es imposible defenderse, la diferencia de fuerzas es abismal y su vida está en las garras de aquella fiera salvaje. Por suerte, logra sobrevivir, pero como recordatorio de la agresión, su cuerpo queda marcado de por vida por unas tremendas cicatrices.

Durante un tiempo, guarda un profundo rencor hacia su atacante y el deseo de venganza no le deja descansar por las noches. Ante su sufrimiento, todos sus seres queridos y los “maestros” de las distintas religiones que visita, le animan a perdonar y olvidar para liberarse de esas emociones que le atormentan. Le dicen que no debe acumular ira en su interior y que lo mejor que puede hacer es perdonar y amar a aquél león que le atacó. Lo hace y se siente mejor, todos se alegran por él y consigue dormir mejor por las noches, aunque no todas, porque de vez en cuando, el león se cuela en sus pesadillas.

Al perdonar al león, como le dijeron, le parece sentir que el amor hacia éste va creciendo en su interior y, un día, decide volver a pasar por la zona donde vivía su agresor para hacerle ver que, no sólo no le guarda rencor alguno, sino que le ama con todo su corazón y ya casi había olvidado lo que le hizo. Cuando ya está cerca de la zona del primer ataque, aparece el león y se abalanza de nuevo sobre él. Le desgarra con sus zarpas, le muerde y le abre las viejas heridas. Por segunda vez, sobrevive y puede volver a casa. Esta vez, las heridas tardan más en curar y, mientras tanto, él se pregunta por qué la vida le trata así, con todo el amor que sentía y con lo que le había costado perdonar al león.

LOLI 16 de enero de 2012 00:00  

Sigo:

Al tiempo, pasó por el pueblo un experto en felinos que estaba estudiando la vida de los leones de aquella zona. Nuestro protagonista le contó sus experiencias con el león, cómo le había perdonado, pero cómo éste le había vuelto a atacar. Cuando hubo acabado su relato, el experto, a su vez, le habló de la escasez de comida y de agua, del hambre que estaba pasando el león, de su agresividad, de que los grandes felinos son seres territoriales que atacan a cualquier intruso que penetre dentro de su zona. A medida que el hombre le explicaba el porqué del comportamiento del animal, fue entendiendo la naturaleza del león. No le atacaba por ser él como pensaba, sino que el animal hubiera agredido a cualquiera que se hubiera aventurado a cruzar su territorio. El felino lo único que hacía era seguir sus instintos primitivos.

Por primera vez en mucho tiempo, pudo respirar tranquilo. Sintió que la rabia acumulada perdía fuerza a medida que entendía que el león era así y no podía escapar de su naturaleza. Cuando más lo comprendía, le parecía que ya no era necesario “perdonar” como le habían dicho sus familiares y sus consejeros religiosos. La comprensión fue madurando y se tornó en compasión. Ya no le deseaba mal alguno a aquel león, esperaba que pudiera tener agua y comida para poder vivir, pero también pensó que, a él, no le apetecía ser la comida que saciara el hambre del animal. Pudo decidir, entonces, no volver a pasar por el territorio del león, mantener una sana distancia para evitar otro ataque.

Asun 16 de enero de 2012 01:20  

LOLI:
Muchas gracias por esta historia que has traido. Creo que ilustra muy bien lo que yo he querido decir con esta reflexión.

Un beso muy grande, guapa.

Javier Martinez V. 16 de enero de 2012 03:53  

Aquél que va por la vida cargando resentimiento no se da cuenta que va muriendo de a poco porque lo que lleva en el alma es veneno emocional.

Saludos desde Japón.

Nota: Por favor si puedes comunicarte con JABO dile que su blog no me permite dejarle un comentario, si puede que visite mi blog y me envie un e-mail... Gracias.

pancho 16 de enero de 2012 11:29  

Los que pueden perdonar al que te ataca y poner la otra mejilla unas cuantas veces, son seres admirables y hay pocos de ésos.

Un abrazo.

nocheinfinita 16 de enero de 2012 16:04  

Vivir sin odio y sin rencor es vivir un poco más libres.

Muy interesante tu reflexón Asun.

Un fuerte abrazo y gracias por regalarme esa bonita luna, llena de luz.

Belkis 16 de enero de 2012 23:56  

Creo en la energía sanadora del perdón. Muy bonito texto Asun. Un abrazo muy grande amiga.

Aldabra 17 de enero de 2012 23:09  

comparto esa idea porque lo he vivido en carne propia... durante muchos años estuve muy enfadada (tanto que llegué a odiarlo) con alguien muy cercano pero interiormente me fui reconciliando con él hasta que... llegó esa especie de perdón/olvido... y ha sido muy liberador.

biquiños,

nadasepierde 19 de enero de 2012 21:15  

Yo creo que tarde o temprano, uno termina perdonando, o poniendo eso que nos hizo daño en un ligar del pasado, donde ya no molesta. Aunque lo recordemos cada tanto, pero ya no duele. Creo que el tiempo cura todo, y si no lo cura, es porque nosostros nos aferramos a eso, no lo queremos dejar partir. No vale la pena cargar con esas cosas.

Un beso

pancho 28 de enero de 2012 14:29  

Nadie te ha dicho que es una foto fantástica. Por la profundidad de tu reflexión, te lo digo ahora porque se me olvidó entonces.
Un abrazo.

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