Un atisbo de lucidez
>> miércoles, 12 de octubre de 2011
La tarde era calurosa, y Julia llevaba varias horas de aquí para allá haciendo recados. Eran ya más de las siete y estaba cansada. Un poco más adelante había unos bancos desocupados. Sí, era una buena idea, se sentaría allí a descansar.
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando una pareja que cruzaba el paso de peatones que se encontraba frente a ella captó su atención. Él pasaba su brazo más cercano a ella por encima de sus hombros y con la otra mano le agarraba el brazo, como si la estuviera sujetando para dirigir su camino, porque era evidente que caminaba de forma inestable, como si tuviera algún problema.
Ella tendría unos veintitantos años, no llegaría a los treinta, y él rondaría los cincuenta. Julia era muy dada a elucubrar, y en un primer momento imaginó que tal vez la chica tenía algún tipo de discapacidad —de ahí su andar dificultoso— e iba con un familiar que era quien le estaba ayudando.
Según se fueron acercando comprobó que estaba equivocada. La joven presentaba un aspecto bastante deplorable: desaliñada, el pelo enmarañado y a falta de un poco de agua y champú, sus ropas sucias y rotas, los ojos semicerrados y la mirada perdida. Todo apuntaba a que era fruto del consumo de algún tipo de droga, y que el mayor problema que tenía era que estaba enganchada.
El aspecto de él era bien distinto. No se podría calificar como elegante —llevaba unos piratas de cuadros, una camiseta de rayas y unas chanclas de goma—, pero sí cuando menos limpio.
Pasaron lentamente delante de Julia encaminándose hacia la pequeña rampa que haciendo una ligera curva llevaba a la parte baja del paseo. Fue entonces cuando Julia confirmó su segunda sospecha, y pudo también comprobar que la chica ni tan siquiera podía hablar con normalidad, balbuceaba.
Una vez llegaron al final de la rampa se detuvieron. Julia les escuchaba hablar, y aunque no entendía lo que decían, sí que le pareció que había algo en lo que no se ponían de acuerdo. No sabía muy bien por qué, pero a Julia todo esto le estaba resultando un tanto extraño. A veces solía tener esa peculiar intuición.
Con disimulo giró la cabeza y vio que él ya no le sujetaba, se encontraban frente a frente. Ella se tambaleaba, le costaba mantenerse en pie quieta, y lo que pasaba era que ella quería ir hacia la izquierda, hacia la parte antigua de la ciudad; y él hacia la derecha, hacia un parque no demasiado transitado ya a esas horas en un día de labor. A pesar de las negativas de ella, él insistía e intentaba agarrarla del brazo para conseguir llevarla hacia donde él quería, cosa que no lograba porque ella se zafaba de sus manos rápidamente. Así estuvieron durante varios minutos.
A Julia —siguiendo con su afición a las elucubracioens— la situación empezó a no gustarle y a sospechar que él no tenía muy buenas intenciones. Pero... ¿Qué podía hacer? ¿Intervenir y salir en defensa de la chica? ¿Y si estaba equivocada? En realidad tampoco había escuchado nada, todo eran conjeturas.
No le dio mucho tiempo a pensar, porque finalmente cada uno siguió por su lado. Ella siguió hacia el casco viejo. Él sin embargo no fue hacia el parque. Desanduvo el camino que Julia le había visto hacer supuestamente "ayudando" a la joven, y cuando llegó al otro lado del paso de peatones, al punto de partida en el que Julia había reparado en ellos, se dirigió al contenedor de vidrio, y del orificio extrajo un palo largo con un gancho en el extremo —que sin duda había dejado allí con anterioridad—, igual a los que utilizan quienes escarban entre la basura de los contenedores intentando encontrar algo que les sea útil.
Ahí es cuando Julia tuvo claro que no iba desencaminada en sus conjeturas, y que afortunadamente —no sabía muy bien si por un momento de lucidez de la muchacha o por testarudez— él no había podido salirse con la suya, cosa que le satisfizo enormemente.
Pasado un buen rato, y rebobinando todo lo que había visto, se preguntó cómo era posible que alguien a quien la vida no se lo estaba poniendo precisamente fácil, fuera capaz de aprovecharse de las circunstancias de una persona que se encontraba en una situación peor que la suya, de alguien que claramente tenía sus facultades mermadas. Y así como otras veces, viendo a otras gentes rebuscando entre las basuras, había sentido compasión por ellas, en esta ocasión no sintió ni la más mínima lástima. Lo único que le venían a la cabeza eran improperios que quedarán para ella.




18 comentarios:
Muy buen relato Asun. Realmente es así, la empatía brilla por su ausencia, y aunque hay mucha gente buena en el mundo, también hay otros que siempre intentan aprovecharse de los que están en desventaja. Te dejo un fuerte abrazo
Estoy con BELKIS. Obviamente el tipo iba con muy malas intenciones. Ahora, lo que no he entendido es ¿por qué sacaba un palo largo con un gancho del contenedor de vidrio? Eso no me ha quedado claro. Muxus, M.
MERCHE: Tienes razón, igual no quedaba muy claro. Había que ponerle un poco de imaginación.
El tipo en cuestión se dedicaba a buscar entre la basura, y el palo lo había dejado allí guardado cuando decidió "ayudar" a la chica.
Ya he hecho una pequeña corrección en el texto para que quede más claro.
Gracias por la observación.
Besos
Siempre habrá alguien que intente sacar tajada, siempre habrá alguien que encuentre la debilidad del otro para atacarle, siempre hay lobos al acecho.
Besos tesoro, con toda mi alma y mi corazón!!
La miseria mi querida ASUN, engendra miseria, exactamente igual que la violencia... no sé por qué pero en este mundo a más debilidad, más cucarachas dispuestas aprovecharse de ella...
No creo que lo que fuera que hizo que ella rechazar las propuestas ( seguramente no muy honorables) de ese tipejo en el estado en el que cuentas estaba ella, se le pueda llamar lucidez ¿qué te parece? ¡¡fogonazo!! quizá ¡¡alucinazo!! no sé... a pesar de todo, hasta puede que sea verdad que todo tenemos un ángel de la guarda, a mi me gusta pensar eso ¿sabes? te aseguro que a mi misma funcionando como funciono a veces, creo que me han adjudicado uno todo terreno jajaja
Me alegro de su y tú lucidez preciosa... ¡¡ojalá aprendiéramos a ver a los que están caídos como alguien a quien queremos, podríamos ser cualquiera , yo lo pienso ¿ y si un día fuera mi hija? y así... sale muy fácil echar una mano... quizá ese tipejo no tenía hijas ...ni primas... ni hermanas... va a ser eso:-)
Un beso gradísimo preciosa.
PD
Sí, por cierto.... lo de tu/ nuestra cena era por eso que finalmente pensaste ;-)... perdona que no te haya contestado... no pongo un pie en casa últimamente, pero graaaaacias... eres un solete.
Muaaaaaaaakss a cientos y buenas noches cielo.
Sospecho que cuanto más abajo, más densa es la jungla.
Me da una pena enorme ver gente, la mayoría jóvenes, convertidos en zombies por culpa de las drogas.
El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Lamentablemente, conozco casos así: gente que está mal y otros que se aprovechan de ello.
Besos.
los que están arriba y los que están abajo; los fuertes y los débiles... unos se aprovechan de los otros desde que el mundo es mundo.
¡¡que tristeza cuando vemos la constatación ante nuestros ojos!!
biquiños,
Las apariencias engañan la primera vez, ya ves.
Me gusta más tu blog así.
El ser humano es capaz de lo más grandioso y de lo más rastrero, como ese personaje rata de tu relato. Buen relato.
Besos, Asun
Lo he visto demasiadas veces, querida Asun... somos capaces de los más bajos instintos ¡qué cosas!
muy bueno el relato :)
beso y caricia para ti y Xanina(a cada una su cosa, oiga)
ah, que se me olvidaba... me gusta el cambio de look :)
Como dice pedro, somos capaces de lo mejor y peor. Desgraciadamente es nuestro sino.
Un beso
Asun, un texto estupendo, muy bien narrado. Y la fotografía con esa mano tendida, ah¡ esa también dice mucho. Capaces de hacer lo mejor y lo peor...
Un abrazo
Ahora sí, ahora se entiende mejor. Besotes, M.
La etiqueta en muchas ocasiones camufla el producto. No es oro todo lo que reluce.
Si antes tu blog era un pincel, ahora llega a la categoría de primor. Vamos, un modelo. Da gusto pasarse por aquí.
Hay que bajar a ras de tierra donde se engendran y crecen los verdaderos problemas, La realidad relativiza nuestra visión de las cosas.
Un abrazo.
ushhh que feo , lamentablemente hay gente para todo y que se aprovechan del más débil.
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