Aportación a la lectura colectiva del Quijote que el profesor Pedro Ojeda dirige desde La Acequia.
Sancho en cuanto tiene ocasión vuelve a quejarse de que lo están matando de hambre, y aprovecha que el doctor Pedro Recio ha vuelto a entrar en la sala después de leer la carta del duque para hacerle saber que le desea el mismo sufrimiento que él está padeciendo. Sancho habla con tal propiedad y de forma tan elegante que todos los que le escuchan no dan crédito. Sólo puede ser debido a que “los oficios y cargos graves, o adoban o entorpecen los entendimientos”, y en su caso se los han debido de adobar.
Tanto insiste que finalmente el doctor Pedro Recio accede a darle de cenar, y de esta forma nuestro querido gobernador se calma un poco, esperando ansiosamente el momento de la cena, horas que se le hacen eternas: “esperaba con grande ansia llegase la noche y la hora de cenar; y, aunque el tiempo, al parecer suyo, se estaba quedo, sin moverse de un lugar, todavía se llegó por él [el] tanto deseado”.
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| Sancho disfruta del salpicón de vaca y de las manos de ternera. |
Dibujo de Tony Johannot (1803-1852)
La cena consistió en
“un salpicón de vaca con cebolla, y unas manos cocidas de ternera algo entrada en días”, platos que Sancho disfruta como si se tratase de deliciosas exquisiteces semejantes a
“francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón, o gansos de Lavajos”. Los francolines debían de ser un bocado muy apreciado por tener una carne sabrosísima y considerada un artículo de lujo. En realidad Sancho no sólo es feliz con el menú que le dan sino que lo prefiere a cualquier otro manjar al que su estomago no está acostumbrado, y así se lo comunica al doctor. A él que le tengan el estómago contento y él
“gobernará sin perdonar derecho ni llevar cohecho".
Su intención es dejar la ínsula limpia de gente vaga y sin ganas de trabajar y
“favorecer a los labradores, guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos y, sobre todo, tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos” Me da la sensación de que Cervantes vuelve a utilizar su ironía para cuestionar a la nobleza y al clero.
En este punto del relato parece que hay un pequeño desliz porque vuelve a decir Cervantes que le dan la cena a Sancho, o sea, que debe de cenar dos veces –anda que no estará contento ni nada.
Después de cenar sale a hacer ronda a las calles de la ínsula acompañado por todo su séquito. Le intentan poner a prueba de nuevo para burlarse de él.
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| Juicio del jugador y el mirón |
En primer lugar se encuentran con dos hombres que se baten a cuchilladas. Sancho, como gobernador, interfiere para solucionar el problema. La cuestión es que uno de ellos acaba de ganar, al parecer de forma no del todo limpia y con el apoyo del otro, más de mil reales en una casa de juego. El segundo esperaba que le diera por lo menos ocho reales, alegando que es honrado y que no desempeña trabajo alguno ni tiene bienes, ya que sus padres no le enseñaron oficio ni le dejaron nada –es decir, se trata de uno de esos personajes de los que Sancho quiere limpiar la ínsula–, pero el primero sólo quiere darle cuatro. Después de escuchar a las dos partes Sancho dictamina que el primero debe darle cien reales, mas otros treinta para los pobres de la cárcel, y el segundo, con esos cien reales, deberá abandonar la ínsula al día siguiente y no volver en diez años, a no ser que quiera ver su cabeza en la picota.
Sancho manifiesta su intención de cerrar las casas de juego porque considera que son perjudiciales, pero se encuentra con que no le va a resultar tan fácil, por lo menos con esta, ya que pertenece a un gran personaje. Vemos que las cosas han cambiado poco desde la época de Cervantes hasta nuestros días, ya que hoy en día los poderosos siguen gozando de ciertos privilegios administrativos de los que no goza el común de los mortales.
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| El mozo apresado por el corchete |
Dibujo de José Passos (1862-1928)
En estas están cuando aparece un corchete –o sea, un ministro de justicia encargado de prender a los delincuentes– con un mozo agarrado del brazo. Es un mozo un tanto socarrón y graciosillo que contesta las preguntas de Sancho con mucha sorna y mucho ingenio, reiterando una y otra vez que Sancho no va a poder conseguir que duerma en la cárcel. Y es que lo podrán encerrar y atar pero, según argumenta, si él no quiere dormir, permanecerá en vela toda la noche. A sancho le parece tan ingeniosa la respuesta, además de ver que no contraviene su voluntad, que le deja marchar a su casa.
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| La ronda rodea a la doncella curiosa. |
Dibujo de José Juan Camarón y Meliá (1760-1819)
Al poco rato aparecen otros dos corchetes con otro mozo. Mozo que no es tal sino que es una hermosa moza vestida de hombre. Todos están sorprendidos, incluso los burladores de Sancho, porque la entrada en escena de la moza no está en el guión, así que se encuentran desconcertados. Confiesa que es una doncella, hija de Diego de la Llana, quien la encerró hace diez años después de enviudar. La pobre estaba deseosa de conocer al menos el pueblo donde había nacido:
“Cuando oía decir que corrían toros y jugaban cañas, y se representaban comedias, preguntaba a mi hermano, que es un año menor que yo, que me dijese qué cosas eran aquéllas y otras muchas que yo no he visto; él me lo declaraba por los mejores modos que sabía, pero todo era encenderme más el deseo de verlo.” Tal era su deseo que había pedido a su hermano que le prestase algunas de sus ropas para salir al mundo vestida de hombre cuando su padre durmiera. Y así es como habían salido de la casa de su padre, ella con las ropas de su hermano, y él con las de ella, que dicho sea de paso, le quedan como anillo al dedo, porque es barbilampiño y de una belleza cual doncella. Pero cuando apenas habían disfrutado de la escapada habían aparecido los corchetes y la habían llevado ante Sancho. Toda la historia queda confirmada cuando aparecen otros corchetes con su hermano que cuenta exactamente lo mismo.
Los llevan a casa de su padre no sin antes Sancho dejarles claro que
“la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la mujer y la gallina, por andar se pierden aína; y la que es deseosa de ver, también tiene deseo de ser vista.” Ahí es nada.
El maestresala queda prendado de la doncella y con intenciones de pedirla en matrimonio y Sancho se acuerda de su Sanchica y piensa que el mozo puede ser buen marido para ella, y ¿quién se va a negar a ser el marido de la hija del gobernador?
Según nos dice Cervantes a Sancho le quedan como gobernador, tal y como se dice en la actualidad, “dos telediarios”. Veremos que pasa en los próximos capítulos.
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