De las primeras aventuras de Don Quijote (Cap. I-4 y I-8)

>> sábado, 20 de febrero de 2010

Aportación a la lectura colectiva del Quijote desde La Acequia.

Todas las cromolitografías pertenecen a la edición de El Quijote de Seix Editor fechada en 1898. El autor de las mismas es D.J. Moreno Carbonero

Pinchar en la imágenes para ampliar.


CAPITULO I-4

Don Quijote, después de creer haber liberado a Andrés de los azotes de su amo, satisfecho de sí mismo continuó el camino hacia su aldea. Poco después divisó a lo lejos a unos mercaderes toledanos que se dirigían a Murcia a comprar seda, a los cuales decidió esperar en medio del camino para cortarles el paso y hacer que reconocieran que Dulcinea era la mas bella del mundo.
Las burlas de uno de los mercaderes ofenden a DQ, que arremete con su lanza contra él, con tan mala suerte que Rocinante tropieza y cae junto con su amo.
Aquí podemos ver lo que un mozo de mulas que con ellos iba hizo a DQ



Y, llegándose a él, tomó la lanza y, después de haberla hecho pedazos, con uno dellos comenzó a dar a nuestro don Quijote tantos palos que, a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase, pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera; y, acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda aquella tempestad de palos que sobre él vía, no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra, y a los malandrines, que tal le parecían.



CAPITULO I-8

DQ descubre 30 o 40 molinos que confunde con gigantes. Por mucho que Sancho intenta hacerle ver que no son gigantes sino molinos, DQ piensa que no es sino una excusa porque tiene miedo. Ni corto ni perezoso los embiste, enredándose la lanza entre las aspas para acabar en pedazos y arrastrando a DQ y Rocinante, que acabaron rodando por los suelos.
Sancho acudió en su auxilio, ayudándole a volver sobre Rocinante para seguir camino de Puerto Lápice.


Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondióle su amo que por entonces no le hacía menester; que comiese él cuando se le antojase. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento y, sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga.

Tras hacer noche entre unos árboles y coger DQ una rama seca que le sirviera de lanza prosiguieron su camino. Cuando ya estaban llegando a Puerto Lápice divisaron por el camino una comitiva.


Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios: que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus antojos de camino y sus quitasoles. Detrás dellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompañaban y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína, que iba a Sevilla, donde estaba su marido, que pasaba a las Indias con un muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque iban el mesmo camino; mas, apenas los divisó don Quijote, cuando dijo a su escudero:

-O yo me engaño, o ésta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto; porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío.


...se adelantó y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían y, en llegando tan cerca que a él le pareció que le podrían oír lo que dijese, en alta voz dijo:

-Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recebir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras.

Los frailes intentaron explicarle que no eran sino religiosos de San Benito, pero DQ picó a Rocinante y arremetió contra uno de ellos, acabando este por el suelo, poniendo su compañero pies en polvorosa corriendo más ligero que el mismo viento.
Visto esto Sancho aprovechó para empezar a quitarle los hábitos. No contaba Sancho con los mozos de los frailes que arremetieron contra él moliéndolo a coces.

13 comentarios:

El Drac 20 de febrero de 2010 15:49  

Y pensar como como muchos el tener un ideal, el llevar a cabo la cosecución de su hermosa locura es la verdadera razón del existir del ser humano tanto que cuando se acaba la ilusión, es mejor dormir el sueño de los justos.

Cornelivs 20 de febrero de 2010 22:58  

Asi es, amiga. Buena lectura la tuya.
Nuestro quijote nos puede sugerir mil ideas, a cada persona le sugiera algo: he ahí, parte de su inmortal magia.

Besos...!!!

dondelohabredejado 21 de febrero de 2010 16:49  

Leo y recuerdo una puesta en escena en la que Don Quijote luchaba con los molinos y los molinos eran títeres inmensos de varilla, manejados por varios titiriteros.
Una obra tan maravillosa, seguramente siempre se seguirá leyendo y se seguirán haciendo obras inspiradas en ella.
Un abrazote grandote.

Cosmo 21 de febrero de 2010 21:35  

Te agradezco estos resúmenes de los primeros capítulos,yo también me incorporé tarde y estoy deseando dedicar un tiempo a empezarlo para disfrutarlo mejor.Abrazos

RMC 21 de febrero de 2010 21:42  

Precioso y excelente texto,
un placer leerte,
que tengas una feliz semana
un abrazo.

Adrisol 22 de febrero de 2010 02:42  

muy interesante cómo siempre!!!!

gracias por compartir...
gracias por dejar tus mimos en mi casa!!

besosss

Asun 22 de febrero de 2010 15:46  

ADRISOL: espero que estés mejor y te encuentres ya totalmente recuperada.

Besitos

Pedro Ojeda Escudero. 22 de febrero de 2010 20:58  

Qué sorpresa esta entrada con tu comentario, tan certero, de las primeras aventuras de Don Quijote. Qué poco te falta ya para alcanzarnos. Mil gracias: y si tus lectores se animan, ya saben que serán bienvenidos.

pancho 22 de febrero de 2010 23:42  

La primera impresión al ver el blog es que se siente la mano femenina, qué atractivo lo tienes.

Parece que fue hace siglos cuando comentábamos estos capítulos. Muchas cosas se habían olvidado. No viene mal recordarlas. Las ilustraciones, interesantes. Vendré con más calma a leer todo el material quijotesco que nos regalas.

Asun 23 de febrero de 2010 21:43  

PEDRO: Un millón de gracias por tus amables palabras. Con este reconocimiento merece la pena el esfuerzo.
Besos

PANCHO: vas a hacer que me sonroje. Muchas gracias.
Me alegro de que te sirvan estas entradas para recordar escenas dormidas. Vuelve cuando quieras, estás en tu casa.
Un abrazo

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